buena comida, la música, el arte, la poesía, la filosofía, la ciencia o el buen sexo no son el resultado ni la expresión de la eficiencia. La belleza, la alegría, la risa, el amor, la amistad y la comunidad tampoco le deben nada. Hasta un ingeniero en busca de una solución a un problema mecánico muestra satisfacción en términos estéticos cuando se le ocurre una solución «elegante». Utilizar la eficiencia como vara para saber si aprovechamos bien nuestro tiempo es un error.