Caleb lo mira por encima del hombro. En el momento en el que sus ojos se cruzan, él es repentinamente consciente de lo que acaba de hacer y siente que sus mejillas se vuelven a encender, pero traga saliva y alza la barbilla, porque no va a pedir disculpas. Lo retó. Le dio permiso, de alguna manera, así que ese recuerdo ni siquiera debería contar como un robo. De todos modos, no puede evitar tensarse, esperando la burla o el castigo.
Pero Caleb no le ofrece ninguna de las dos cosas. En su lugar, le brinda esa expresión más tranquila, en la que puede reconocer cierta sorpresa, curiosidad y… algo más. Algo que todavía no le había visto. Algo que la manera en la que él usa su poder nunca había despertado en nadie.
Orgullo.
—Felicidades.
La palabra cae sobre ellos de manera muy distinta a la última vez que Caleb la pronunció, esta vez honesta en lugar de llena de rencor. Darien siente que le cosquillea sobre la piel, que le entra por los oídos y le recorre hasta las puntas de los dedos de los pies, igual que lo hace la satisfacción. Ese sentimiento también es nuevo, pero le deja un sabor agradable en la boca. Por primera vez en mucho tiempo, no se siente sucio ni incómodo. Se siente… bien. Lo ha hecho. Se ha atrevido y ha visto justo lo que quería ver, o, al menos, un asomo de ello.
Siii