hubiese gustado narrar mi historia de otra manera, porque quiero dejar en claro algo central, así que presta atención: yo, el perro muerto y rumano, soy el dueño de la historia. Pero la historia que vas a leer está adornada de ficciones, fantasías que no me pertenecen, acontecimientos que yo no he vivido, aunque se basen en mí.
Te preguntarás cómo yo he podido escribir todo esto y, sobre todo, cómo he logrado que mi relato llegue a la Tierra, se escriba y se lea. Porque ahora mismo me estás leyendo, ¿te das cuenta? Pero es simple: solo hacía falta alguien que pensara en un perro muerto y que escribiera. Piensa: ¿cuánta gente puede pensar en un perro muerto y escribir? Podrías haber sido tú, pero fue ella.