Primero la acción –el arte–, luego el pensar. (O como dije antes, primero el arte, la articulación, y luego el juicio: la afirmación del valor de la misma para su consiguiente aceptación o rechazo.) Y cuando el pensar a su vez articula, entonces su hacer se convierte en razón poiética, la cual, como todo arte, provoca un asentimiento que no tiene nada que ver con la creencia, porque no tiene que ver con la verdad y el error.