La negatividad del «yo superpuesto» restringe la libertad del yo. Por el contrario, proyectarse en el «yo ideal» se interpreta como un acto de libertad. Pero, si el yo no logra liberarse de su fijación con un «yo ideal» inalcanzable, caerá en una profunda desazón a causa de ello. Entre el yo real y el yo ideal se abre un abismo, en el que se genera autoagresividad.