El nombre buscado para bautizar nuestra ‘estética’ surgió entre broma y broma, entre plato y plato, una noche cualquiera: realismo púdico. El principio activo del realismo púdico consiste en considerar la noción de realidad, no ya como lo dado, como lo descubierto, absoluto, sublunar e impávido, sino como un sistema de ocultamientos... Todo el resto, consecuencias éticas o estéticas, políticas y sociales se daban por añadi-dura. Acto seguido, hacíamos abandono definitivo del título de artistas e intelectuales por el de simples parroquianos (García Vásquez y Calvo 1983: 141) 63.
Podríamos incluir otras películas chilenas de Ruiz de los primeros años