Después rendíamos cuentas. El Partido no era un cuartel general, sino un aparato. Una maquinaria. Una máquina burocrática. Las personas con formación humanística no solían ser aceptadas en el Partido, nunca se confió en ellas, desde la época de Lenin, el cual escribió que los intelectuales «no son el cerebro, sino la mierda de la nación». Por eso las personas de mi perfil eran raras en el aparato del Partido. No era lugar para filólogos. El Partido se nutría de ingenieros, veterinarios, personas cuya profesión estuviera relacionada con las máquinas, la carne o el trigo, no con los seres humanos. Los institutos de ciencias agropecuarias eran su mejor cantera de cuadros. S