Las narrativas que por distintas razones no alcanzan a ser dominantes, no desaparecen: conviven. Por eso la dinámica operativa de las narrativas sociales es comparable a la de una polifasia cognitiva, en la que los diferentes sistemas cognitivos —en este caso, formas representacionales— coexisten e interactúan habilitando lenguajes y formas expresivas que no tienen el mismo nivel de desarrollo, ni el mismo peso, ni la misma función social, pero están en permanente tensión con la narrativa social dominante, en la medida en que cubren las oquedades y las defecciones de su sistema de representación; hasta que su ciclo se agota y alguna de esas —u otras— tipologías representacionales adquieran la fuerza social necesaria para ocupar su lugar de dominancia.