Por un lado, está el sufrimiento del cuerpo, que incluye las sensaciones de dolor, enfermedad, hambre y lesiones físicas. La mayoría de este sufrimiento es inevitable. Por otro lado, está el sufrimiento de la mente, como la ansiedad, la envidia, la desesperación, el miedo y la ira. En nuestro interior abundan las buenas semillas, el potencial para comprender, amar, ser compasivos y perceptivos, además de las semillas de la ira, el odio y la avaricia. Aunque no podemos evitar todo el sufrimiento, podemos sufrir mucho menos si no regamos las semillas del sufrimiento que hay en nosotros.