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Stephanie Garber

La balada de nunca jamás

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  • Ximenafez uma citaçãohá 3 meses
    —Oh… —Jacks se rio, una carcajada tan dura y desagradable como su sonrisa—. El arquero mató al zorro, sin duda
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    —No te preocupes, no le diré a tu marido que estás obsesionada conmigo. —Jacks lanzó su manzana blanca y atrapó la fruta con la punta de su daga, una que Evangeline reconoció con otra oleada de mortificación. Era el cuchillo con la empuñadura de joyas azules y púrpuras, el que ella le robó y después perdió.

    —Espero que no te importe que lo haya recuperado. —Jacks giró la daga hasta que las piedras preciosas atraparon la luz de las velas—. Y no te preocupes, tampoco le diré a Apollo que te he descubierto con mi cuchillo. Es mi amigo, después de todo, y no me gustaría que se pusiera celoso
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    —A mí no me lo pareció, Pequeño Zorrillo, y llevo aquí toda la noche
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    El oleaje del océano parecía silencioso en contraste con los latidos de su corazón. O quizá fuera el corazón de Jacks
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    —¡Salta! —gritó Jacks. Salió de la nada y de repente estaba a su lado.

    —No sé nadar —gimió.

    —Entonces agárrate.

    Le rodeó la cintura con un fuerte brazo y cayeron juntos.
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    . Evangeline sentía los latidos acelerados de su corazón
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    ¿Ya no te interesa morderme?, se burló Jacks en su cabeza.

    FUEGO UTERINO

  • Ximenafez uma citaçãohá 3 meses
    Sus ojos colisionaron desde extremos opuestos de la habitación. La mirada de Jacks bajó lentamente hasta las sábanas que Evangeline sostenía sobre su casi inexistente combinación. Pero después, antes siquiera de que le diera tiempo a sonrojarse, él apartó la mirada.

    Evangeline sintió una extraña punzada de decepción mientras Jacks comenzaba a lanzar al aire la brillante manzana negra que tenía en la mano.
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    Su captor la sujetó con fuerza, presionándola contra un pecho envuelto en cuero que olía a metal y a humo. Sin duda no era Jacks.

    Se sintió alarmada de repente.

    —Suélta… me
  • Ximenafez uma citaçãohá 3 meses
    La cicatriz del corazón roto en su muñeca empezó a arderle. A veces era capaz de ignorar la sensación, pero en ese momento era más fuerte de lo habitual, como si Jacks quisiera que supiera que le sería imposible escapar de él.
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