me vestí de negro como la calaca. Ni violeta ni blanco ni verde ni mamadas. La cara bien tapada y el garrafón de gasolina. El martillo en la mochila y agua. No te apures, hermana, que ahí la traigo. Yo te cuido. Ahora vienen los gases y no podrás ni abrir los ojos. Se va a caer, se va a caer, el patriarcado se va a caer. Mójate el pasamontañas y corre. Que voy a prender esta madre.
Y que nos avientan una lata. ¿Ya viste a la vieja que corrió a devolvérsela a los puercos? A huevo. La Reinota la llaman. Y que se abren todos a la verga, cobardes.
No puedo respirar. Agua, agua, agua. Siéntate. Abre los ojos. Arde. Ahorita se pasa. ¿Las oyes? Están cantando.
Cantamos sin miedo, pedimos justicia, gritamos por cada desaparecida. Que resuene fuerte: «¡Nos queremos vivas!» Que caiga con fuerza el feminicida.
Explíqueme usted qué sentido tiene que nos pida que no