preferido del mayor parque de aquella gran ciudad. Allí se sentía en paz, aflojaba el nudo de la corbata y apoyaba los pies descalzos sobre una mullida alfombra de tréboles. A Víctor, que tenía sesenta y cuatro años y un pasado lleno de éxitos, le gustaba aquel lugar.
Pero esa tarde sería distinta de otras; algo inesperad