Durante la Gran Depresión, el Partido Comunista apoyaba y gestionaba las Juntas de Inquilinos, organizaciones creadas para combatir los desahucios por impago del alquiler. Mi madre se puso al frente de la Junta de Inquilinos número 29 del Bronx («Yo era la única mujer de todo el edificio que hablaba inglés sin acento, así que automáticamente me eligieron líder por votación»), y siguió ejerciendo el cargo hasta poco antes de nacer yo, cuando mi padre la obligó a «dejarlo todo» para quedarse en casa con la niña.