Adler niega el argumento del trauma y afirma que «ninguna experiencia es, en sí misma, la causa de nuestro éxito o de nuestro fracaso. No sufrimos por el shock de lo que experimentamos (el supuesto trauma), sino que hacemos de ello lo que más convenga a nuestros propósitos. Nuestras experiencias no nos determinan: lo que resulta determinante es el significado que les atribuimos».