—¿Alguien ocupa la habitación de abajo?
—Nadie se ha atrevido desde que el gran astrólogo, el tutor de vuestro hermano, se ahorcó allí. Seguro, señora, que su espectro y el del joven príncipe se han reunido en esa habitación. ¡Cielos! ¡Corramos a los aposentos de vuestra madre!
—No te inquietes. Si son almas en pena, podemos aliviar sus sufrimientos preguntándoles. No tienen por qué causarnos daño puesto que no las hemos ofendido.