Como el cerebro es, sin lugar a dudas, una máquina, no esperemos descubrir su artificio por medios distintos de los que se usan para descubrir el artificio de otras máquinas. Por lo tanto, es preciso hacer lo mismo que haríamos con cualquier otra máquina; es decir, desarmarla pieza por pieza e investigar lo que puede hacer cada una por separado y en conjunto.