Cada cual puede tener su propia profundidad, experiencia, y alguna convicción de estar en contacto con su propio sat-chit-ananda, su propio ser a través de la conciencia y la bienaventuranza. Las personas religiosas nos dicen que, en realidad, no experimentaremos la bienaventuranza hasta haber muerto y haber ido al cielo. Pero yo deseo acumular todo lo posible de esta experiencia mientras todavía estemos vivos.