el sol de la tarde cayendo plenamente sobre ellas y haciendo relucir los gloriosos colores de esta bella cordillera, azul profundo y morado en las sombras de los picos, verde y marrón donde la hierba y las piedras se mezclaban, y una infinita perspectiva de rocas dentadas y puntiagudos riscos, hasta que ellos mismos se perdían en la distancia, donde las cumbres nevadas se alzaban grandiosamente. Aquí y allá parecían descubrirse imponentes grietas en las montañas, a través de las cuales, cuando el sol comenzó a descender, vimos en algunas ocasiones el blanco destello del agua cayendo