Sus cartas —en letra cursiva, exquisita, anacrónica, como de pluma fuente— siempre las escribía en papeles tamaño medio folio o un cuarto de folio, de distintos matices de color blanco o grisáceo o amarillo pálido, y todos con el membrete de algún hotel de Łódz´. Me gustaba imaginármela paseando por los pasillos de los hoteles de su ciudad y entrando a las habitaciones abiertas y robándose de las mesas de noche esos folios membretados. Recibí cartas suyas del Grand Hotel, del Andel’s Hotel, del Hotel S´wiatowit, del Hotel Focus, del Hotel Łódzki Pałacyk, y del viejo y famoso Hotel Savoy, donde yo me estaba hospedando, y en cuyo lobby por fin la conocí.