La ondulación de la barriga de mi madre no era
una vergüenza que escondiera de sus hijos.
Ella sabía que habíamos salido de ahí. Su barriga era un regalo
que seguíamos compartiendo entre nosotros.
Era tanto de ella, de su cuerpo,
como nuestra por haberlo hecho nuevo,
diferente. Su cuerpo era un altar de carne
construido en nuestro recuerdo, por nosotros, para nosotros